Humberto Rivera Navarro
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El efecto manada
Posted in Uncategorized on 2 marzo, 2021
En su columna de hoy, Sergio Sarmiento dice sobre las perspectivas electorales de Morena:
Morena se encuentra adelante en las encuestas para la elección de la Cámara de Diputados y en cuando menos 14 de 15 comicios estatales. La popularidad del Presidente está impulsando al partido. También lo ayudan el reparto de dinero a millones de familias y el ‘efecto manada’, en que la gente decide votar por el partido que todo el mundo dice va a triunfar, como el PRI de antaño. A la gente le gusta apostarle a un ganador.
No sé si hay estudios sobre ese “efecto manadaâ€, pero he tenido la oportunidad de verlo actuar varias veces en personas cercanas a mà que dan por hecho que un candidato va a ganar y votan por él. No les simpatizaba, mucho menos compartÃan sus posturas polÃticas (si esos candidatos las hubieran tenido). Simplemente daban por hecho que esa persona iba a ganar porque lo decÃan los conocidos, los comentaristas polÃticos ¡y hasta los otros candidatos!, cuando hablaban de que venÃa la aplanadora y cosas por el estilo.
Tengo la impresión de que Peña Nieto ganó la presidencia en buena medida por ese efecto. No tenÃa gran cosa que ofrecer, pero mucha gente empezó a decir que él iba a ganar. Me pregunto si realmente en eso consistió su campaña, incluso más que en presumir su copete u otros medios cuestionables: en promover que otros dijeran que iba a ganar. Quizá algún tesista de ciencia polÃtica o comunicación se interese por el tema.
Estoy de acuerdo con Sarmiento, cuando no disponemos de otros elementos (propuestas, simpatÃa, incluso esperanza) para tomar postura, las personas tendemos a apostar por quien dicen que va a ganar, se trate de caballos o candidatos.
El general sin juicio
Posted in Uncategorized on 18 noviembre, 2020
El retiro de los cargos al Gral. Cienfuegos en Estados Unidos ha desatado muchas conjeturas, algunas, la verdad, muy atractivas. Sin embargo, por el principio de parsimonia (la navaja de Ockham) me inclino por la explicación que propone Sergio Sarmiento: que el caso no estaba bien sustentado por los fiscales por basarse en testigos protegidos no confiables.
De todos modos, me parece que la forma en que los dos gobiernos han presentado la situación es una trampa autoimpuesta: los dos se ven mal y se pueden ver peor, sobre todo el nuestro. Trump se coloca una mancha más en su salida de la presidencia, pero López Obrador enfrenta más riesgos. Si procesa o no procesa, si condena o no condena, de todos modos lleva la de perder y tiene cuatro años por delante. Solo podrÃa quedar bien con el ejército en caso de no procesar o no condenar. ¿Le bastará con eso al presidente?
Otra liga al artÃculo de Sarmiento.
Misterio gozoso: pianista perdido y hallado en Internet
A principios de los años 70 mi mamá y mi papá llevaron a casa un disco LP con las polonesas de Chopin interpretadas por Adam Harasiewicz, un pianista polaco. El romanticismo patriótico de esas obras, que se manifiesta sobre todo en las polonesas llamadas “Militar†y “Heroicaâ€, cobijaba mis preocupaciones y aspiraciones sobre mi propia vida o la vida del paÃs. Recuerdo cómo me movÃa una anécdota, que ahora considero chovinista y cursi, recogida en el reverso de la funda del disco. Un comentarista polaco contemporáneo de Chopin, ante el nacionalismo que le insuflaban las polonesas de éste, decÃa que sólo lamentaba que su apellido pareciera más francés que polaco, que no se apellidara Chopinsky.
Era mi adolescencia y una época en la que muchos estábamos hartos de la corrupción, el autoritarismo y la injusticia, en la que Estados Unidos no era todavÃa nuestro socio comercial, sino el antiguo invasor y expoliador, asà como la potencia que intervenÃa en la vida de los demás paÃses y la torcÃa. El discurso tercermundista de Luis EcheverrÃa y, más tarde, el pseudomisticismo nacionalista de José López Portillo, asà como las ocasionales salidas del huacal norteamericano realizadas por estos presidentes, no ocultaban nuestra dependencia ni, por supuesto, la situación interior. Amar a México incluÃa hacerse cargo de esto y más, y requerÃa una fuerte dosis de esperanza que en las décadas siguientes muchos convirtieron en acción polÃtica para aportar poco a poco un paÃs mejor en algunos aspectos, aunque su desigualdad y su corrupción siguen doliendo, siguen punzando.
Ya sé que es un lugar común hablar del poder expresivo de la música, pero no puedo dejar de admirarme por la manera en que las polonesas me resonaron tanto como mexicano, a pesar de que contaba con poca información sobre Polonia, su liquidación y resurgimiento, las invasiones, la pérdida de territorio, sus luchas de liberación. Bueno, quizá no es tan extraño: el romanticismo…
No creo haber escuchado aquel disco después de salir de la casa familiar para estudiar la universidad. Escuché versiones orquestales que, sin disgustarme, no me satisfacÃan ni me satisfacen. Parece que algunas obras escritas para un instrumento en particular no se benefician mucho de orquestaciones sinfónicas. Siento que, si las polonesas de Chopin no son generadas por la percusión de los martinetes sobre las cuerdas del piano, no alcanzan toda su fuerza.
En diferentes momentos busqué el disco en las tiendas de música, sobre todo cuando llegaron los CD, pero nunca lo encontré. Hallé las versiones de varios pianistas famosos, algunos polacos. Entre las versiones que me gustaron están las de Arthur Rubinstein y Vladimir Ashkenazy, pero no me sabÃan igual que las escuchadas años atrás.
Al no encontrar siquiera el nombre de Harasiewicz me preguntaba si aquel disco de mi adolescencia no era una de esas grabaciones baratas que se hacen con músicos secundarios y que bajan de precio una y otra vez hasta agotarse y desaparecer de los catálogos, si es que alguna vez estuvieron en ellos.
No sé por qué, al llegar la World Wide Web y, después, la música descargable, no tuve la iniciativa de buscar a Harasiewicz. Sà busqué las polonesas, pero ese pianista no aparecÃa en los resultados. Hoy, tampoco sé por qué, se me ocurrió buscarlo directamente y lo encontré a él y a aquel disco editado por Philips con el que conocà a Chopin.
Resulta que el pianista, nacido en 1932 y vivo todavÃa, fue reconocido en su momento como uno de los mejores intérpretes de Chopin, cuyo repertorio grabó en su totalidad. A partir de mediados de los setenta, dejó de grabar y, al parecer, su quehacer ha consistido en dar clases magistrales, asesorar a otros pianistas y ser juez de concursos de piano. Algún comentarista en Internet opina que su especialización en Chopin no le ayudó a seguir vigente. Eso sucede a veces con los artistas, se encasillan o los encasillan, pero no me acaba de explicar la forma en que Harasiewicz se invisibilizó. ¿Qué lleva a un pianista como a él a abandonar los conciertos y las grabaciones?
Hoy, después de oÃr la “Militar†y la “Heroicaâ€, sentà de nuevo el efecto de las interpretaciones de Harasiewicz, aunque mi forma de sentir mi vida y al paÃs haya cambiado. Esas polonesas saben a casa y, de una manera distinta, aún resuenan con mi conciencia de mi situación y la de México, todavÃa vigorizan una esperanza que está bastante menguada.
Los enlaces a mis dos polonesas favoritas, tanto en Apple Music como en Spotify.
Polonesa No. 3, “Militarâ€
https://music.apple.com/mx/album/polonaise-no-3-in-a-op-40-no-1-military/1452794328?i=1452794335
https://open.spotify.com/track/56QppLEixlTo8CG463RXoe?si=LouCHwQfRGWDfCUacdDdug
Polonesa No. 6, “Heroicaâ€
https://music.apple.com/mx/album/polonaise-no-6-in-a-flat-op-53-heroic/1452794328?i=1452794582
https://open.spotify.com/track/0rU6QXQrFk9Ibgt8u0AY0I?si=YJEOM57iThOF2t10TDQRpg
Tus fotos
Posted in Uncategorized on 16 junio, 2019
Para Humberto chico, Miriam y Daniela (en orden de aparición)
Como a todo padre, me gusta mirar y remirar tus fotos de bebé. Pero creo que me engolosino más con las fotos que yo no tomé, las de estudio o las tomadas por una cabina automática, como las que te saqué cuando me enteré, a las ocho de la noche, que al dÃa siguiente debÃas llevar al kÃnder dos fotos tamaño infantil (de qué otro tamaño podÃan ser). O con esas en las que posas como modelo profesional para un fotógrafo de fiesta infantil y tu melena rizada brilla con el sol casi tanto como tu sonrisa. O esas otras en las que tienes la expresión de un astronauta a punto de subir a la nave, segura de que regresarás a salvo y con éxito. En esas imágenes me gusta encontrar gestos que predicen tu adolescencia y tu adultez actual.
En alguna foto creo encontrar el anuncio de alguno de tus insightsdeslumbrantes, en otra, el origen de esas frases sorpresivas que siempre estoy esperando, esas con las que me confrontas, convences, desarmas o iluminas. A veces estoy seguro de que en un retrato estás anunciando tu compromiso actual con tus convicciones.
Ya sé, a toro pasado cualquiera hace predicciones. Por eso, a veces caigo en la tentación de intentar predecir a la persona adulta que serás a partir de lo que veo ahora. Pero rápido recuerdo que lo mejor es seguir maravillándome con tu crecimiento, sin esperar nada, sólo disfrutar de tu alegrÃa.
¿Quien debe pedir perdón a los pueblos indÃgenas?
Posted in Crítica, Democracia, Derechos humanos, Educación, Historia, Justicia, México, Política, Pueblos indígenas, Sociedad, Uncategorized on 30 marzo, 2019
Que España pida perdón por la conquista y colonización hecha por sus antepasados sobre las naciones habitantes de lo que hoy es America Latina (no sobre México, que no existÃa) me parece innecesario. Pero no serÃa tan descabellado que sus gobernantes reconocieran y lamentaran la invasión y el sometimiento, la violencia y el despojo sufrido por aquellos pueblos, pues, a pesar de que lo que dice su rey, sà es posible juzgar esos hechos desde hoy, simplemente porque ésos y otros hechos similares también fueron juzgados en su momento. Los pueblos ibéricos no aceptaron con gusto la ocupación árabe y lucharon contra ella hasta terminarla poco antes de dirigirse a estas tierras.
Lo impertinente, por decir lo menos, es pedirle a España que pida perdón desde la cabeza de otro Estado que ha estado oprimiendo, discriminando y tratando de desaparecer a los herederos de las naciones mesoamericanas durante dos siglos, incluyendo el tiempo que, para nuestro actual presidente, es la época dorada de la vida pública mexicana: los años del priato hasta el fin del sexenio de José López Portillo.
No se puede hacer un llamado asà de manera congruente desde un gobierno que, en esta materia, no se ha distanciado todavÃa de los anteriores y no tiene mejor propuesta para los pueblos originarios (enfatizo el plural, pues no son todos una misma cosa) que convertirlos en beneficiarios de programas sociales (al estilo neoliberal). El nuevo gobierno ni siquiera ha asumido explÃcitamente los derechos que esos pueblos tienen según la legislación internacional firmada por México (la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos IndÃgenas y el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, el que prescribe las consultas previas, libres e informadas a los pueblos originarios cuando se proyectan polÃticas públicas que los pueden afectar) y la nacional (artÃculo 2o. constitucional, entre otras normas).
Por otra parte, las respuestas internas y externas a favor y en contra de la carta de López Obrador al Rey de España en su mayor parte reflejan el racismo que se ha instalado en la sociedad a la par de las polÃticas hacia los pueblos indÃgenas (las expresiones anti-hispanas se adentran más en la estupidez que en la xenofobia). Es una discriminación que busca la desaparición o el blanqueo de la población indÃgena. SÃ, tan blanqueo es querer mezclarlos para aclarar su piel o castellanizarlos a la fuerza como idealizarlos y atribuirles una esencia inmutable y excepcional. Con frecuencia, una y otra forma de blanqueo coexisten en las mismas personas y en las mismas polÃticas. La forma más ordinaria de combinar los dos tipos de blanqueo se da al confinar el valor de los pueblos indÃgenas en el pasado remoto y apropiárnoslo, mientras que en el presente se folcloriza e ignora a esos grupos.
Un ejemplo de esto último se puede ver en la mención superficial de sus derechos educativos en el dictamen aprobado la semana pasada en las Comisiones Unidas de Educación y Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados. Adelfo Regino Montes, Director General del Instituto Nacional de los Pueblos IndÃgenas, habÃa propuesto el siguiente texto para un nuevo inciso f) del artÃculo 3o., fracción II:
f) (La educación) Será intercultural, incluirá la educación indÃgena respetando y preservando su patrimonio histórico y cultural. En las zonas con población indÃgena se asegurará la impartición de educación indÃgena plurilingüe e intercultural, para todos los educandosâ€.
Lo que se votó el 27 de marzo después del manoseo en las comisiones unidas fue:
En las comunidades y pueblos indÃgenas se impartirá educación plurilingüe y pluricultural con base al respeto, promoción y preservación del patrimonio histórico y cultural.
A mi juicio, la propuesta de Adelfo Regino se quedó corta respecto de lo que un pueblo puede esperar de su educación, pero, en todo caso, hablaba de la educación intercultural con respeto para el patrimonio histórico de esos pueblos. Lo que quedó en el dictamen que se presentará al pleno de la Cámara de Diputados es una educación pluricultural, término este último que pone el énfasis en la cantidad de culturas y no en su entendimiento, como lo plantea la noción de interculturalidad. Además, hay una clara confusión del término pueblo como sujeto de derecho y y de pueblo como asentamiento humano. Pero, más que todo lo anterior, el patrimonio ya no es de los pueblos indÃgenas (su patrimonio), sino nuestro (el patrimonio). Resulta que respetar ese patrimonio del pasado es importante porque es de los mexicanos en su conjunto, no porque ese patrimonio es parte de la vida actual de los pueblos indÃgenas. Entonces, lo que quieren los pueblos indÃgenas para ellos, hoy, a partir de su patrimonio, no es importante.
Si se quiere abrir una época de cambio (los resultados electorales del año pasado la pidieron, pero la toma de posesión no la instauró automáticamente), convendrÃa hacer buenos los primeros cuatro párrafos del artÃculo 2o. de nuestra constitución polÃtica:
La Nación tiene una composición pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indÃgenas que son aquellos que descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del paÃs al iniciarse la colonización y que conservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y polÃticas, o parte de ellas.
La conciencia de su identidad indÃgena deberá ser criterio fundamental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre pueblos indÃgenas.
Son comunidades integrantes de un pueblo indÃgena, aquellas que formen una unidad social, económica y cultural, asentadas en un territorio y que reconocen autoridades propias de acuerdo con sus usos y costumbres.
El derecho de los pueblos indÃgenas a la libre determinación se ejercerá en un marco constitucional de autonomÃa que asegure la unidad nacional. El reconocimiento de los pueblos y comunidades indÃgenas se hará en las constituciones y leyes de las entidades federativas, las que deberán tomar en cuenta, además de los principios generales establecidos en los párrafos anteriores de este artÃculo, criterios etnolingüÃsticos y de asentamiento fÃsico.
¿Está clarÃsimo cómo poner en práctica esos párrafos? No. ¿Es sencillo? No. Pero es lo que hoy manda nuestra Carta Magna y los consensos de Naciones Unidas que hemos firmado, y no lo hemos llevado a la práctica.
¿Quien debe pedir perdón a los pueblos indÃgenas? El Estado Mexicano y nosotros, los mexicanos no indÃgenas, aquÃ, hoy.
(Otro) DÃa Internacional de la Mujer
Está muy bien que en el DÃa Internacional de la Mujer se nos recuerde a tantas mujeres que han destacado a lo largo de la historia, como lo hace Google. Es posible que haya todavÃa despistados y despistadas que no sepan que las mujeres pueden realizar todas esas hazañas. Pero la existencia de esas mujeres notables no es el fundamento del respeto al derecho de todas las mujeres a ser y a ser como quieran ser. Y ese derecho debe sernos recordado con frecuencia pues creo que el número de quienes no lo respetamos de manera sistemática u ocasional, consciente o inconscientemente, siguiendo la inercia de la costumbre o aprovechando los beneficios de esa situación, podemos ser más numerosos que los despistados.
No seamos Trump
Posted in Democracia, Justicia, México, Política, Trump on 28 enero, 2017
No seamos Trump.
Trump está cometiendo, entre otros, dos errores.
1. Identificar mal las causas de los problemas de Estados Unidos, lo que lo lleva a inventar culpables y enemigos.
2. Pensar que para engrandecer a su paÃs tiene que atacar a otros.
No cometamos esos errores. Los estadounidenses en conjunto no son nuestros enemigos. Tampoco sus empresas en conjunto. A la mayorÃa de ellos también les afectarán varias de la decisiones de su presidente. Y los más abiertos pueden ser nuestros aliados.
¿Boicotear a Starbucks o a McDonald’s? ¿Tratar mal a los estadounidenses o a otros extranjeros? No inventemos enemigos y culpables. La cerrazón patriotera no se combate con ella misma. Muchas agresiones se ven en el horizonte como para empezar a pelearnos con la parte equivocada. En su momento, los mexicanos tendremos que defendernos con inteligencia.
Mientras tanto, y siempre, a los mexicanos nos toca mejorar a nuestro paÃs:
– Siendo creativos, productivos y eficientes.
– Reduciendo la desigualdad, la pobreza y la injusticia.
– Respetando los derechos humanos.
-Votando con inteligencia por nuestros gobernantes.
– Vigilando al gobierno y exigiéndole resultados en beneficio de la población.
– Combatiendo la corrupción, para empezar, no siendo parte de ella.
– Contribuyendo a la vigencia de la ley.
– Reconociendo que ser corruptos y violar la ley no es la forma de protegernos o desquitarnos de los malos gobiernos, es la forma de alimentarlos.
No seamos Trump.
Las razones de un Nobel: Dylan, Roth y Trump
Posted in Arte, Crítica, Cultura, Literatura, Música, Sexualidad, Trump on 13 octubre, 2016
Los premios Nobel de la paz y de literatura suelen llevar mensaje. No sólo se trata de premiar a quien tiene mérito, sino de afirmar algo. Por eso, más que preguntarme por los méritos de Bob Dylan, me pregunto por lo que quiere decir (o no decir) la Academia Sueca al otorgar este premio a Bob Dylan, en lugar de otros escritores estadounidenses muy reconocidos.
En particular, pienso que el candidato lógico era Philip Roth, de 83 años, a quien muchos consideran el mejor escritor vivo de aquel paÃs. Es grande como escritor y es grande de edad. Qué mejor que él para regresar el premio a Estados Unidos después de 23 años (Toni Morrison lo ganó en 1993).
Pero Roth tiene un problema. Ha sido acusado de misógino por más de una persona. Y ha sido defendido de esa acusación por otras tantas (sobre unas y otras, ver algunas ligas al final de esta nota al pasar). Sus personajes masculinos son tanto vÃctimas como victimarios de personajes femeninos y estos últimos no siempre aparecen en la mejor luz, a decir de los crÃticos. Tampoco los masculinos, dirÃa yo. Las escenas sexuales intensas y confrontantes son frecuentes en sus novelas. En una de sus obras, el argumento es que un hombre se metamorfosea en un pecho femenino. ¿Se pueden tocar los temas que Roth toca sin ser misógino? Creo que sà y creo que lo ha logrado. Pero las opiniones en contrario son fuertes.
Quizá en otro momento los académicos de Suecia se la hubieran jugado. Quizá. Pero con Trump enfrente, la sospecha de misoginia situarÃa a la Academia en el campo de la incorrección  polÃtica, mientras que las posturas polÃticas que Dylan ha adoptado a lo largo de su carrera la mantienen libre de reproche. Repito, quizá en otras circunstancias se la hubieran jugado, aunque nunca se la jugaron con el genio de Borges.
En resumen, me atrevo a postular la hipótesis de que el premio a Dylan, merecido, resultó, además, oportuno gracias a la notoriedad del abusivo Trump. De cualquier manera, me alegro por Dylan. Sólo espero que Roth viva lo suficiente para que le pueda tocar un Nobel.
Algunos enlaces a crÃticos y defensores de Roth:
https://www.theguardian.com/commentisfree/2011/may/22/philip-roth-carmen-callil-booker
http://lilith.org/blog/2014/03/why-i-did-not-like-philip-roths-new-york-times-interview/
http://forward.com/culture/186074/philip-roth-isnt-a-misogynist-really/
De maestros y alumnos, iluminados y alimentados
Posted in Uncategorized on 15 mayo, 2016
A las maestras y los maestros en su dÃa, en especial, a la memoria de los maestros
MarÃa Amparo Navarro y Humberto Rivera Gómez
Un palomazo etimológico
Hace algunos años, en una junta de trabajo en el medio educativo, uno de los asistentes, un funcionario de un organismo internacional, visiblemente exaltado, interrumpió la discusión en curso para exhortarnos a desechar la palabra “alumnoâ€. Con la seguridad que le daba ser funcionario de organismo internacional, nos explicó que ese término era ofensivo para quienes deberÃamos llamar estudiantes, porque alumno significaba iluminado. Algo me decÃa que ése no era el significado de alumno. Pero, sobre todo, me preguntaba: si ése fuera el significado, ¿por qué serÃa ofensivo?
Algunas horas después, ya en casa, mis sospechas acerca de nuestro etimólogo de ocasión resultaron ciertas. El Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, de Joan Coromines, dice de “alumnoâ€: “1605. Tom. del lat. alumnus ‘persona criada por otra’, y éste de un antiguo participio de alÄ“re, ‘alimentar’â€. Según esta definición, un alumno es alguien alimentado o criado por un maestro; ninguna referencia a ser iluminado. (Recientemente, supe de una versión más sofisticada de esta falsa etimologÃa: la a- es privativa, por lo que el alumno es “el sin luzâ€).
También consulté “estudianteâ€, palabra que viene de un participio activo, como ser puede ver en el Diccionario de la lengua española en lÃnea, y significa: “adj. Que estudia. U.m.c.s†(esa abreviatura significa “usado más como sustantivoâ€).
Un alumno es objeto de la acción de otro, mientras que un estudiante realiza la acción de estudiar. Esto me hace estar de acuerdo con el etimólogo internacional en cuanto a preferir la expresión estudiante para designar a quienes, en una relación de enseñanza-aprendizaje, desempeñan el papel de aprendiente (si alguien duda de la existencia de este vocablo, consulte el diccionario).
Estoy de acuerdo con denominar a las personas o sus funciones de la manera que mejor pone de relieve la naturaleza de esas personas y funciones. Y, estoy seguro, si un estudiante no estudia, es decir, si no es un agente activo, no aprenderá. Pero no creo que todos los que llamamos estudiantes de verdad lo sean. Tampoco acepto que la palabra alumno deba ser desterrada de nuestro vocabulario porque destaca la intervención de los docentes, si bien admito que no todos los maestros alimentan a sus alumnos.
¿Por qué es tan malo ser alumno?
Encuentro una consonancia entre el rechazo de aquel funcionario internacional a la palabra alumnos y un cierto clima ideológico  que he observado en algunos educadores y en observadores de los procesos educativos. Ese clima se basa, a mi parecer, en dos supuestos.
El primer supuesto es que, si le damos un nombre a algo, por ese hecho, ese algo se convierte en lo que denota el nombre. Es una forma del pensamiento mágico que se manifiesta frecuentemente en el quehacer educativo, sobre todo entre algunos funcionarios y expertos que los acompañan. Piensan que basta llamar de una forma nueva a las cosas para revolucionar el sistema educativo o parte de él. (Hay que reconocer que, a veces, basta para vender una asesorÃa o un curso o conseguir la publicación de un libro). Muchos docentes han identificado esta forma de proceder y suelen no creer a los reformadores. Con demasiada frecuencia, tienen razón.
El otro supuesto erróneo es que promover una participación más activa de los estudiantes en su aprendizaje va de la mano con desdibujar al docente y, de pasada, al currÃculo y a la didáctica, factores que, más bien, obstaculizan el aprendizaje. Los estudiantes tienen una sabidurÃa mayor que la de cualquier intento educativo. Lo mejor es dejarlos solos para que aprendan (perdón, desarrollen competencias, para usar una expresión que de verdad hará que aprendan). Al disminuir la importancia del docente parece asumirse que la docencia es una actividad que no se puede racionalizar, que no hay ciencia en ella, que sus métodos son arbitrarios. Es decir, que no es una profesión.
Mi hipótesis es que estas creencias vienen de una mala interpretación de las propuestas de psicólogos y pedagogos que han buscado liberar el potencial de aprendizaje de las personas y han criticado a los sistemas y profesionales que lo acotan. Estos pensadores han desmontado conceptualmente las prácticas educativas que ven a las niñas, niños y adolescentes como recipientes a llenar. Desafortunadamente, su labor no ha terminado, porque la educación sigue lastrada por esas concepciones. Pero no creo que Freire, Montessori, Rogers y tantos otros propusieran un papel pasivo para los y las docentes sino un papel muy activo.
Maestras y maestros de los buenos
Una maestra que no cree que ella sola puede llenar de conocimiento a sus estudiantes, es decir, una que favorece la actividad de los estudiantes para aprender, debe ser doblemente activa. No puede quedarse en la exposición de datos o en tomar la lección, mucho menos puede contentarse con contemplar cómo sus estudiantes batallan bajo el pretexto del respeto a la libertad.
Un buen maestro conoce bien el contenido que se espera que los estudiantes aprendan y para qué, reconoce los varios caminos y ritmos para llegar al aprendizaje y cómo se puede ayudar a sus estudiantes a salvar los obstáculos que se pueden encontrar por cada camino. El buen docente está al tanto del progreso de sus estudiantes y busca en su experiencia y formación la manera de ir aportando retos, reconocimiento, corrección, aliento, información y, cuando se requiere, incluso consuelo. También, a veces, puede darse cuenta de que debe refrenarse de intervenir. Y eso también es hacer algo. ¿Casi nada, verdad?
Estas acciones realizadas sobre los estudiantes se pueden designar como guiar, orientar o facilitar, pero no veo problema en decirles alimentar o iluminar. En todos esos verbos existe una acción del docente sobre el estudiante que no consiste en imponerle la memorización sin sentido ni la aceptación acrÃtica de valores.
El quehacer docente es muy complejo. No es un apostolado que se emprende sin esperar nada a cambio ni es la mera contrapartida de un salario, como ningún trabajo deberÃa ser. Es una profesión con teorÃas y técnicas, con experiencia acumulada y compartida, que ni las burocracias ni las ocurrencias seudorrevolucionarias deberÃan ocultar.
Autodidactismo y pedagogenia
Sin duda, siempre han existido personas capaces de aprender sólo con su inteligencia y una buena biblioteca. ¿Pero, es posible la utopÃa de estudiantes que aprendan por su cuenta sin la ayuda de nadie? No, si se quiere hacer propia una parte significativa del caudal de conocimiento acumulado por la humanidad en un tiempo razonable, digamos, una vida. No, si se quiere plantearse esos problemas clave de la vida humana e ir tomando posturas ante ellos de manera inteligente, creativa, compasiva y solidaria. Es necesaria la ayuda de instrumentos (como los libros de las bibliotecas) y de otras personas que representan y condensan el aprendizaje logrado por la humanidad a lo largo de milenios, son conscientes de la estructura del conocimiento y de las estrategias para alcanzarlo.
Estoy convencido de que no todos los maestros ayudan a sus estudiantes a aprender; que algunos no pueden decir que representan o condensan el saber de la humanidad y que muchos de los problemas que observamos en los procesos educativos se podrÃan tildar (haciendo un paralelo con la iatrogenia en medicina) de pedagogénicos. Esto es, son producidos por quien enseña o por el proceso de enseñar. Pero, aunque es un recurso muy manido, me atrevo a decir de la escuela, de la institución escolar, lo mismo que Churchill dijo de la democracia: es el peor instrumento para transmitir la cultura de una sociedad a sus jóvenes (y de favorecer su creatividad) con excepción de todos los demás instrumentos.
Alimentado e iluminado
En mi experiencia he sido alimentado e iluminado por geniales docentes, a quienes agradezco saber aparecer y desaparecer, dejarme solo y acompañarme, permitirme encontrar mis soluciones y deshacer un nudo cuando era necesario. En aproximado orden cronológico, Francisco Javier, Cristina, Rosy, Miguel, Paco, Jaime, Germán, José Luis, Silvia, Edgar, Nora, Gabriel, LucÃa, Detlef, Laura, Juan, Ann, Tere, Carlos y muchos más que no alcanzo a nombrar: me siento honrado de ser su alumno.
Presencia del náhuatl en el ¿inglés?
Todo el mundo sabe que el náhuatl ha aportado al español y a muchas otras lenguas vocablos que denominan las contribuciones gastronómicas de mesoamérica al mundo: chocolate, chÃa, tomate y más. Pero pocos saben (al menos, yo no sabÃa hasta hace poco) que también la palabra shack puede ser de origen náhuatl. La misma shack que compone nombres de muchos negocios en los Estados Unidos, como la franquicia internacional Radio Shack, y que integra el tÃtulo de una de las canciones de The B52’s, «Love Shack». Según esta explicación, no del todo comprobada, shack viene del náhuatl xacalli (de la que se deriva el español jacal), que significa casa con techo de paja, según el Gran Diccionario Náhuatl. Aunque otros diccionarios proponen otras etimologÃas, la app del Oxford Dictionary of English (OED) se inclina por la aquà presentada y data la aparición de shack en la lengua inglesa a finales del siglo diecinueve.

Jacal texano a principios del siglo XX, tomada de http://www.texasbeyondhistory.net/dolores/images/jacal-1907.html
Shack también es un verbo y significa irse a vivir con alguien, arrejuntarse, pues. En español, jacalear es sinónimo de comadrear, que significa chismear o murmurar y, según el DLE, se dice en especial de las mujeres, aunque bien sabemos que los hombres chismeamos con igual dedicación. Yo he escuchado en poblados rurales llamar a alguien jacalera, para denotar que gusta de ir de visita a casas diferentes a la suya. Me temo que casi siempre se aplica a mujeres y que esto se debe a que se piensa que deben estar siempre en su jacal, muy modositas ellas, sin comadrear.
En su libro Studies in etymology and etiology : with emphasis on germanic, jewish, romance and slavic languages, David L. Gold duda del origen náhuatl de shack, por varias razones, entre ellas que no parecen haber existido contactos frecuentes entre el náhuatl y el inglés. Pero abre la posibilidad de que el aporte haya surgido de los pueblos originarios del ahora suroeste estadounidense que hablaban otras lenguas yuto-nahuas en las que probablemente existiera la palabra xacalli u otra similar. Dado que el término jacal aparece tal cual en el diccionario en lÃnea Merriam-Webster y en la ya mencionada app del OED, me permito adelantar una hipótesis más parsimoniosa: que shack no viene directamente de xacalli sino que llega al inglés a través de jacal, como denominaban a sus casas los colonizadores españoles de la región mencionada, cuando todavÃa era parte de la Nueva España (ver el libro Hecho En Tejas: Texas-Mexican Folk Arts and Crafts).
Mientras son peras o son manzanas, aquellos que tienen una amada que no es jacalera, tienen que esforzarse para verla, como dice el huapango: «todita la noche anduve rondando tu jacalito, pa’ ver si te podÃa ver por algún agujerito».
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