¿Dónde quedó la bolita?

Hace unos días vi afuera de la estación Tacubaya del Metro a un estafador que se valía del truco de la bolita. Para quien nunca haya visto este tipo de estafa, se trata de esconder una pelotita muy pequeña debajo de uno de tres objetos cóncavos -tapas de frasco en este caso-, mover rápidamente las tres tapas y pedirle a un observador que adivine debajo de cual está. Lo normal es que haya una apuesta de por medio. Cuando llegué a donde estaba este timador, le acababa de esquilmar cien pesos a uno que tenía apariencia de albañil. De inmediato, una mujer que estaba viendo dijo, «a ver, yo» mientras extendía un billete de quinientos pesos. «Â¿Quinientos?», le preguntó el defraudador. Ella dijo que sólo doscientos. El hombre de la bolita hizo su juego, la mujer puso su dedo sobre una de las tapas, dudó y finalmente eligió otra en la que estaba la bolita. «Ganó» doscientos pesos y el albañil se aprestó a apostar de nuevo ante la evidencia de que se podía ganar. El truhán y su palera habían actuado de manera impecable.

Además del coraje por ver cómo le robaban su sueldo a un trabajador a plena luz del día, mi otra reacción fue preguntarme: ¿cómo es posible que alguien crea que le va a ganar al tahúr?. El problema de jugar a la bolita no es vencer con la vista la velocidad de unas manos, ni calcular y superar las probabilidades. El problema es que no hay bolita. El estafador la esconde entre sus dedos mientras sigue desplazando las tapas para distraer al incauto. Después de que este último escoge una tapa vacía (todas están vacías) y pierde, el timador empieza de nuevo. Si se llega a ver forzado por la duda del perdedor, lo único que hace es deslizar la bolita debajo de otra tapa mientras la levanta. Si los clientes son escasos, hasta puede dejar ganar a un jugador auténtico. Supongo que también habrá ocasiones en que tienen que salir corriendo.

Después de hacerme la pregunta del párrafo anterior me surgió otra: ¿es este juego la única situación en la que creemos que hay bolita cuando no hay nada en realidad? Mi respuesta casi inmediata fue que no, que hay muchas otras situaciones en que las personas nos convencemos o dejamos que nos convenzan de que podemos encontrar algo inexistente y beneficiarnos con ello. El ámbito en el que esto ocurre más claramente es el de la política. Debajo de los discursos con voz engolada y con pelo engominado, de los pleitos entre partidos, de la defensa exaltada de posturas, de la indignación ante las posturas de los contrarios, de las alianzas y las rupturas, con frecuencia parece no haber nada más que las tapas, es decir, intereses personales o de grupo. Los ciudadanos, por nuestra parte, nos ponemos de un lado o de otro o, si queremos ser más analíticos, tratamos de ver lo positivo y lo negativo en los diferentes planteamientos. En ambos casos, creemos que hay algo digno de ser discutido, apoyado o rechazado, imaginamos que hay una propuesta que, de salir adelante, puede beneficiarnos. Por supuesto, también existen aquellos escépticos que piensan que no vale la pena dedicarle tiempo a considerar lo que dicen o hacen los políticos porque estos sólo ven por su propio interés, es decir, porque no hay bolita.

Me parece triste decirlo, pero creo que, ante un asunto específico que se esté discutiendo entre políticos, un escéptico tiene mayor probabilidad de dar en el clavo que quienes se pongan a hacer un balance de pros y contras. Escribí «mayor probabilidad», no que los escépticos siempre tengan a razón. Y esa es la cuestión. Con frecuencia, debajo de los intereses propios de los gobernantes (y aspirantes a serlo) sí hay una bolita, un problema real que puede ser resuelto con mayor o menor beneficio para la población. Peor todavía. Aunque sólo existan las tapas, es decir, la pura conveniencia de los líderes, el hecho es que lo que resulte afectará a los ciudadanos, cuando menos porque se están usando recursos del erario. Cuando más, porque la decisión facilitará o hará más difícil su vida. En fin, la trampa consiste en que, aunque estemos ciertos de que no hay bolita, aunque sepamos que ganaremos sólo si el tahúr quiere dejarnos ganar, tenemos que estar atentos al juego de la política, si no queremos perder más.

Eso sí, tenemos que estar atentos a los posibles paleros. Estos, en primer lugar, son los mismos políticos, quizá más los que se oponen a una propuesta que los que la apoyan. Los opositores pueden ayudar a crear la ilusión de que una mala iniciativa purificada por sus críticas ya es aceptable.

Otros paleros son los comentaristas de los medios (incluyendo los blogueros como un servidor). Como los políticos opositores, los escribidores y locutores contribuyen a producir el espejismo con la ventaja añadida de que pueden parecer más imparciales o, al menos, preocupados por un valor que nosotros también apreciamos, llámese justicia, libertad o eficiencia.

Y así se puede seguir identificando paleros hasta incluir, por ejemplo, a las lecciones de civismo, que nos enseñan cosas muy bonitas sobre el quehacer político. Pero aquí se impone hacer matices de nuevo. No estoy diciendo que todos los políticos que se oponen a uno de sus colegas, ni todos los articulistas de la prensa, ni todas las lecciones de civismo sean cómplices de engaño. Creo que muchos han asumido honestamente la necesidad de estar atentos a las tapas para esperar la ocasión en que de verdad habrá una bolita debajo o para limitar las repercusiones de la prestidigitación de los hombres y mujeres de estado, además de que algunos de estos últimos no pretenden abusar de los ciudadanos (¡sí los hay!).

En suma, a pesar de mi propio escepticismo, acepto que no nos quedan más que dos opciones: dejar que los políticos hagan con nosotros y nuestros recursos lo que quieran o aceptar el mal menor de dedicar tiempo a observar sus manos para reducir los daños, obligarlos a dejarnos ganar algunas veces y, en otras ocasiones, hacerlos correr. En lo personal me inclino por la segunda opción.

  1. #1 by Héctor Guerrero Guadarrama on 12 diciembre, 2010 - 3:48 pm

    ¡Hola Beto!

    Mi nota comienza con tu último párrafo, ya que en la mayoría de los casos pensamos que el mejor (de los estafadores) es el que nos &%$* menos. Quizá la razón es simple, porque a diferencia de ese albañil que se hará a un lado cuando le caiga el veinte que le están viendo la cara o de plano cuando se le termina su dinero; como ciudadanos no lo podemos hacer. Él cuando menos tiene la posibilidad de hacerse ilusiones y pasarse un buen rato; como ciudadanos no. Es más, mientras más conciencia hay de la realidad, más se padece; ni siquiera tienes el consuelo de que si nos van a…, hay que disfrutar. No sólo ves que te esquilman o te esconden una bolita inexistente, sino que también sufres sus malas decisiones relacionadas con lo poco que conceden cuando nos dejan ganar algunas veces.

    Todo va más allá de un engaño de profetas o caudillos tropicales, el liderazgo ya no es condición necesaria y ni siquiera suficiente; no sé qué opines tú, pero ya veo venir una triada de tapitas tricolor cuya bolita sólo tiene una carita y nada, pero nada de sustancia; sólo observaremos como tú lo hiciste, un panorama de fraude hacia el albañil y, mientras, otro a hurtadillas nos saca la cartera.

    Pero, ¡no le hace compadre! Nos queda el consuelo o la esperanza de que si algún día se van a morir, que sea antes que nosotros.

    ¡Valiente consuelo! ¿No? Pero es aún más tangible que una de esas bolitas que mencionas.

    Claro, esta opinión es la pesimista; la contraria, déjame pensarla; ojalá no se me esconda.

    Un abrazo con afecto bien visible
    Héctor

  2. #2 by Laura Guerrero on 13 diciembre, 2010 - 6:24 pm

    Creo que la conciencia está despierta pero no nos mueve a la acción, estamos paralizados frente a una realidad que nos sacude con su absurdo y su estupidez; buscamos espacios para la libertad, sitios para crear e imaginar nuevos mundos pero, sobre todo, para las acciones libertarias y solidarias. En fin, que todos nuestros sueños los usan como bolitas blancas para hacernos caer en el universo kafkiano.

    • #3 by Humberto Rivera Navarro on 13 diciembre, 2010 - 7:42 pm

      Ya que mencionas el universo kafkiano, hay un artículo padre de Zaid sobre el posible origen de los mundos creados por Kafka y de la popular frase: «si Kafka escribiera en el México actual sería un escritor costumbrista»: http://www.letraslibres.com/index.php?art=15039